Sobre la necesidad de comunicar la agricultura

La comunicación que se hace desde el sector agroalimentario es casi siempre a la defensiva, casi siempre tras un escándalo, bulo o patraña y casi siempre insuficiente, como muestra la “Ley de Brandolini”, esa que dice que “la cantidad de energía necesaria para refutar una patraña es un orden de magnitud superior a la necesaria para crearla”.

Vivimos en una sociedad donde el consumidor final está alejado físicamente y culturalmente del productor de alimentos y, sin embargo, nunca el consumidor había estado tan preocupado por lo que se lleva a la boca. Se da la incongruencia de que el consumidor está ávido de información, quiere saber y, sin embargo, desde el sector no sabemos darle la información que nos reclaman. Esto produce la incoherencia de que el consumidor tiene a su disposición los alimentos más seguros de la historia y, sin embargo, nunca ha desconfiado tanto de ellos. Es más necesario que nunca dar a conocer y poner en valor nuestra agricultura, en positivo, no a la defensiva, con datos y hechos, no con relatos fantásticos o épicos.

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En España, como en la mayoría de los países europeos, se ha producido durante toda la segunda mitad del siglo pasado un proceso urbanizador. Primero gota a gota y luego como un flujo constante la despoblación desangro nuestro medio rural, perdiéndose así sus paisajes, su cultura y sobre todo el contacto directo con la producción de alimentos.  Mientras que en los años 50-60 la mitad de la población se dedicaba, directamente, al sector primario, en la actualidad está por debajo del 5% y el 80% de la población vive en zonas urbanas.

Las generaciones posteriores a los años 80 proceden esencialmente de las ciudades y han perdido el vínculo directo con el campo y la agricultura. Para ellas prácticamente su único contacto con la agricultura es a través de lo que desde los medios de comunicación nos llega.

Sin embargo, pese a esta desconexión con la producción de alimentos, estas mismas generaciones (en las que me incluyo) son las más preocupadas por la alimentación. Nunca antes había habido una preocupación tal por nuestra alimentación. Esto es tremendamente positivo, porque es consecuencia de un acceso suficiente y seguro a los alimentos, superado este umbral podemos pasar al siguiente. En efecto, casi sin excepción, los nacidos a partir de los 80 no hemos experimentado jamás la sensación del hambre, una sombra que se ha cernido sobre nuestra especie desde sus orígenes. Deberíamos valorar más el hecho de poder disponer de alimentos suficientes y seguros con solo ir a la tienda de la esquina o al súper porque no es algo inherente a la naturaleza humana, es este un logro humano “contranatura” que se ha conseguido con el trabajo unido y acumulado de muchas personas.

En resumen, tenemos una sociedad alejada física y culturalmente de la producción de alimentos y sin embargo preocupada como nunca por los mismos. Este combo tiene una consecuencia evidente: el consumidor está demandando, más que nunca, información sobre el sector agroalimentario.  Y esto, que es tan evidente, no lo estamos sabiendo ver desde el sector, la comunicación que, desde dentro del sector se hace, es insuficiente. No somos buenos transmitiendo, por ejemplo, porque los fitosanitarios son importantes para nuestro hacer diario, como lo usamos, cuáles son sus ventajas, cuales sus problemas… Expliquemos que es la ingeniería genética, por que usamos abonos de síntesis, colorantes, conservantes… Expliquemos lo básico, sin complejos, orgullosos, con la verdad por delante. No hay nada que ocultar.

Si no lo hacemos estamos creando un caldo de cultivo perfecto para la desinformación. La alimentación es un nicho demasiado goloso, todo lo relacionado con la alimentación vende y si hay una cosa que vende más que la alimentación eso es el miedo, si unimos los dos tenemos la tormenta perfecta y el origen de muchos de los problemas de comunicación del sector agroalimentario.

Son mensajes que calan. Son mensajes sencillos, digeribles y que apelan al miedo. Lo vemos cada día en las noticias, en internet, en redes sociales. La comunicación que se hace del sector agroalimentario es casi siempre negativa, apelando al miedo y al desconocimiento. Periodistas (hay otros periodistas muy buenos y cuya labor es imprescindible), lobbys “ecologistas”, políticos, empresas, personas interesadas en una determinada postura solo cumplen con su función, buscando su parte del pastel: titulares, socios, votos, ventas…

Y sin embargo, la realidad es que, por primera vez en la historia, disponemos de comida en abundancia, de calidad y segura. Tenemos unos productores de los que sentirnos orgullosos, una legislación garantista que nos protege y unos sistemas de alerta que nos avisan ante cualquier anomalía. Fuera de nuestras fronteras lo saben y valoran nuestros productos. En 2017, España fue el primer exportador de frutas y hortalizas de Europa y el tercero del mundo. ¡!Acaso no vamos a saber transmitir este orgullo, que con tanto trabajo hemos conseguido, a la sociedad!!

Conclusión

La agricultura no debe dejar que se comunique apelando al miedo por personas ajenas al sector. Agricultores, agrónomos, científicos, periodistas especializados debemos adelantarnos y aprender a poner en valor y dar a conocer el trabajo que realizamos. No dejemos que las nuevas generaciones que no tienen contacto con el sector primario solo sepan de él por lo que ciertas personas y organizaciones quieren hacer creer que es.

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2 comentarios en “Sobre la necesidad de comunicar la agricultura

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