Hambre: ¿mejor distribución o más producción?, ¿cuál es la solución?

Existe la creencia generalizada de que el hambre no es un problema de producción de alimentos sino de distribución. Actualmente se produce una cantidad de alimentos que serían suficientes para alimentar a toda la población y, aun así, 821 millones de personas pasan hambre mientras que 2000 millones tienen sobrepeso. Además un tercio de los alimentos producidos se pierden antes de llegar al consumidor. Por lo tanto, no es tan descabellado pensarlo. Por desgracia las cosas no suelen ser tan sencilla. Veamos

Empecemos por el principio. El hambre tienen muchas causas pero una destaca sobre el resto: la pobreza. Es de perogrullo, pero la siguiente es una idea clave: unos mejores ingresos conducen a una alimentación suficiente y variada y permite destinar los ingresos restantes en salud o educación, permitiendo así escapar de la “trampa de la pobreza”. Tres cuartas partes de las personas desnutridas viven en entornos rurales y la mayoría están vinculadas a la agricultura. Sin  embargo, no tienen  acceso suficiente a tierras y recursos, ni a fuentes alternativas de ingresos. Por otro lado el hambre menoscaban su productividad y están más expuestos a enfermedades afectando el principal activo que posee: su trabajo. Esto hace a la pobreza y el hambre un círculo vicioso del que es difícil escapar sin ayuda externa. Pero, ¿a qué debe ir encaminada esta ayuda?

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Fuente: FAO

¿Puede una correcta distribución de los alimentos básicos ser la solución?

Gran parte de la producción de comida se da en países desarrollados y hay grandes déficits en zonas empobrecidas, es lógico pensar que un movimiento internacional de alimentos podría ser la solución. Sin embargo, la gente más pobre y, por tanto, más vulnerable a la desnutrición vive en su mayoría en zonas rurales, alejada o sin conexión física con los mercados principales, dos tercios de los africanos que viven en zonas rurales esta a mas de 2km de una carretera transitable todo el año. Por lo tanto, su alimentación proviene de lo que ellos mismo cultivan o de circuitos locales, predominando productos apenas comerciados internacionalmente: yuca, mijo, carne de cabra, ñame…

Otra forma de distribución de alimentos es mediante la ayuda humanitaria. El envío de alimentos gratis o subvencionados es de gran utilidad en situaciones puntuales de extrema necesidad (hambrunas, refugiados) pero no es una solución a largo plazo. Esta llega principalmente a zonas urbanas lo que puede ocasionar que agricultores pobres abandonen el medio rural y la agricultura como forma de vida ante la promesa de una mejor alimentación en zonas urbanas, esto acarrea una mayor dependencia. Por otro lado, si estos envíos se producen en época de cosecha de los cultivos locales pueden afectar negativamente al precio percibido por los agricultores. No obstante, durante el periodo entre cosechas estos envíos de comidan han demostrado su utilidad.

Resumiendo, en los países pobre y sobre todo en las zonas rurales los alimentos consumidos se producen a nivel local o incluso individual, estas zonas están alejadas de los mercados internacionales más centrado en el comercio entre países ricos y sobre todo en materias primas para alimentar animales más que humanos. La ayuda humanitaria tampoco parece ser una solución a largo plazo. Debido a la gran heterogeneidad de la producción de alimentos parece que la solución pasa por soluciones en el terreno, locales.

¿Puede un incremento local en la producción de alimentos ser parte de la solución?

Las inversiones y las políticas que promueven una mayor productividad de la mano de obra agrícola conducen a un aumento de los ingresos en el medio rural, por ejemplo en el África subsahariana el crecimiento agrícola puede ser 11 veces más eficaz para reducir la pobreza que el crecimiento de sectores no agrícolas. Las políticas públicas deberían ofrecer incentivos para la adopción de prácticas y técnicas de intensificación agrícola sostenible (aumento del regadío, nuevas variedades mejoradas, abonos, maquinaria) a fin de producir más resultados a partir del mismo terreno, reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental negativo. Como ejemplo, los agricultores africanos casi no usan fertilizantes (unos 10 kg/ha de media frente a los 150 de la UE), solo un 4% de la superficie esta irrigada (en España, por ejemplo, el 22%) y la mayoría de la superficie no está sembrada con semillas mejoradas, esto conlleva que el rendimiento de las cosechas es 5 veces inferior al de países desarrollados.

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Fuente: FAO

A veces, desde nuestra cómoda postura, tendemos a pensar que no necesitan estas tecnologías, incluso ciertos grupos de presión han impedido activamente su distribución, hablando de medidas post-colonialistas. Cabe destacar la deleznable actitud de Greenpeace frente al arroz dorado que llevo a 110 premios nobeles a escribir una dura carta acusando a la organización de crímenes contra la humanidad. Lo cierto es que cuando se les da la oportunidad son los pequeños agricultores los primeros en adoptar estas nuevas semillas e insumos y han demostrado su eficacia, por lo tanto, ¿Cómo se puede intentar negar el acceso a los avances que disfrutamos en Europa? El premio Nobel de la Paz, Norman Borlaug, lo describía así:

“Ellos [grupos de presión ambiental] nunca han experimentado la sensación física de hambre, hacen su trabajo desde cómodas oficinas en Bruselas. Si vivieran solo un mes es medio de la miseria del mundo en desarrollo, como he hecho por 50 años, estarían clamando por tractores, fertilizantes y canales de riego y se indignarían de que elitistas de moda desde sus casas les estén tratando de negar estas cosas

Pero no debemos olvidar que hay otros factores restrictivos que comprometen las ganancias de productividad agrícola y la generación de ingresos estables de los pequeños agricultores. Algunos son locales, causa de la debilidad de las instituciones, por ejemplo las deficientes infraestructuras de transporte, almacenamiento y comunicaciones, la ausencia o ineficiencia de los mercados o la inestabilidad política. Otras como el cambio climático son globales.

Conclusión

Como hemos visto no hay una solución única ni definitiva, pero dado que la pobreza y el hambre están estrechamente unidas y las personas que lo sufren viven mayoritariamente en entornos rurales y ligadas a la agricultura, medidas locales encaminadas a aumentar la productividad de sus cultivos y en consecuencia sus ingresos han demostrado ser las medidas más oportunas para escapar del círculo vicioso pobreza-hambruna. Debemos abandonar esa idea de que el problema del hambre es un problema de distribución y, por lo tanto, no es necesario incentivar la productividad en estos lugares.

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2 comentarios en “Hambre: ¿mejor distribución o más producción?, ¿cuál es la solución?

  1. Eres bueno tío. Muy bueno. Efectivamente, no está en la mente de la gente cuando piensa en el tercer mundo el problema de la productividad de la tierra. Uno piensa en la cantidad de productos agrícolas que proceden del tercer mundo (Sudamérica esencialmente, pero también en distinta medida Asia y África). Estos productos nos llegan seguramente con mayor productividad (los producen por encargo y bajo supervisión de las multinacionales del ramo).
    Tú artículo señala a sus recursos propios que no están igual de bien cuidados. Ser pobre es muy caro, que me decía un amigo.

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