El monte ya no es lo que era

Con la llegada del fin de semana muchos de nosotros salimos de la urbe, que nos atrapa con su trabajo el resto de la semana. Buscamos un contacto, casi perdido, con la naturaleza. El medio rural recupera, momentáneamente, la algarabía de tiempos pasados aunque no lejanos, y la gente que se resigna a abandonarlo y vive del turismo, lo agradece.

Paisaje

Paisaje, ¿alterado?

En este entorno nos deleitamos con la contemplación de un entorno donde la naturaleza manda, un entorno estático, solo afectado por el paso de las estaciones, donde la mano del hombre apenas se hace patente.

Esta última frase, aunque ampliamente extendida en el imaginario general, es profundamente falsa. El paisaje mediterráneo ni es estático ni es ajeno a la mano del hombre. La vista de nuestros montes que podemos disfrutar hoy es muy diferente de la vista que contempló de jóvenes la población madura del medio rural.  Para ellos el cambio es dramático, su pueblo, sus caminos, sus campos ya no son reconocibles…la vegetación ha borrado esas huellas del pasado que solo está ya presente en sus mentes. Para la mayoría de la población, sin embargo, ese cambio no existe, el territorio es un vacío urbano, socialmente despoblado, económicamente marginal y, ecológicamente, a conservar. Un lugar donde evadirse de las preocupaciones diarias.

Lo que ahora vemos es solo la instantánea actual, no siempre ha sido así. Los montes y el paisaje mediterráneos son inseparables de la acción modeladora del hombre. No existen, en el mundo mediterráneo, esos paisajes arcádicos y vírgenes, libres de intervención humana. Nuestro territorio ha visto pasar, desde el paleolítico, un desfile de gentes y civilizaciones que, aparte de importantes avances técnicos y culturales, han dejado en mayor o menor medida su marca en el medio que habitaron. Desde la Mesta hasta la agricultura autárquica de posguerra pasando por las desamortizaciones del siglo XIX, son nuestros ancestros los que en su afán por sobrevivir han modelado lo hoy vemos.

bancalesUn paisaje, que aunque no virginal, es fruto del inseparable binomio entre naturaleza y cultura, de las diferentes realidades y necesidades sociales de cada época, que han dejado una profunda huella pero, a mi modo de ver, rico en biodiversidad y armonioso. Un paisaje en peligro por el éxodo rural y el abandono de las formas de vida rurales.

El monte se vacía, la gente no lo habita. Lo que antes eran campos de cultivo que con sudor y esfuerzo daban de comer a la gente ahora son matorrales, lo que antes eran bosques bien gestionados ahora, sin ningún manejo, son pasto fácil de las llamas, lo que antes eran rebaños de ovejas guiados por pastores que conocían el terreno ahora son rebaños de vacas foráneas, poco adaptadas al medio y con un mínimo manejo. Lo que antes eran fábricas textiles, motor económico de la comarca, ahora son un esqueleto ruinoso, en el mejor de los casos un cartel recuerda a jóvenes y visitantes lo que un día fue.

bancal

Evolución del paisaje (1956-2014)

¿Hay alternativa? ¿Estamos abocados a perder esa parte de nuestro paisaje cultural? O por el contrario esta revegetación natural debida al abandono rural, es un proceso natural que hay que promover. La respuesta no es ni única ni sencilla.


4 comentarios en “El monte ya no es lo que era

    • Pues sí, aquí gestión forestal suena hasta mal, la gente se piensa que solo es talar arboles y es una pena. Yo creo que como técnicos lo que nos falta es hacer ver a la sociedad que un bosque bien gestionado, aparte de una fuente de ingresos en el medio rural, es un bosque más diverso, protegido y menos inflamable. Creo que en Alemania, tu que estas allí, la cosa es diferente y se valora esa gestión, ¿no? Un saludo y ánimo con tu blog 🙂

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      • Pues sí, aquí el mundo forestal es totalmente diferente de cara a la sociedad. Es un trabajo bastante reconocido y además se considera un sector importante en el país. Tienes razón en cuanto a hacer ver a la sociedad que nuestro trabajo es necesario. Aquí veo que lo hacen a través de la pedagogía forestal, que tanto forestal como agrónomos dan a conocer su trabajo tanto a nivel de escuela como adultos. Vamos que en definitiva es otro país y otra mentalidad. En España hay mucho por hacer en este aspecto aún y no será por falta de profesional cualificado para ello. Un saludo y nos seguiremos leyendo 🙂 ánimo también con tu blog

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  1. Empezando por las fincas públicas, que deberían ser ejemplo de buena gestión y son todo lo contrario, al menos en Andalucía y concretamente en la provincia de Sevilla. La cacería da dinero y se impone a otros modelos que podrían generar más empleo y fomentar el relevo generacional, eso sin contar el escaso control del «ganado» cinegético. A unos se les exigen muchos controles, a otros muy pocos.

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